¡Invierte! ¡Tu dinero se pudre! ¡La inflación te empobrece! Gritos que llevan taladrándome la cabeza desde hace años pero que, por pura ignorancia, un toque de miedo y, por qué no decirlo, pereza, he ido acallando poco a poco. Hasta hoy.
Las siguientes líneas no pretenden dar un giro de 180 grados a tu posición económica actual, ni siquiera pienso hacer recomendación de nada. Sigo siendo un completo novato y, con total garantía, encontrarás mejores recursos por la red. Pero también muchísimo ruido e información deshonesta y sesgada.
Esto es más una forma de afianzar mi aprendizaje y, ya que estamos, que sirva de un “Finanzas para Dummies” de andar por casa.
Invertir
Primero de todo: ¿qué significa invertir? lo habrás oído miles de veces y quizá se ha hecho hueco en tu mente con ideas peligrosamente equívocas. La palabra invertir proviene del latín inversĭo que, literalmente, responde a: dar la vuelta, girar, verter. Desde una perspectiva financiera, el término ha evolucionado para designarse como darle la vuelta a los recursos (dinero) para que, en lugar de ser consumidos en el presente, produzcan un beneficio futuro (más dinero). Es decir, aporto dinero ahora con la esperanza de que me venga de vuelta más en el futuro.
Suena a plan perfecto, desde luego. Casi como la máquina duplicadora del Tío Gilito.
Pero, ¿qué sucede entre medias? ¿qué ha pasado para que los dos peniques del pequeño Michael Banks en Mary Poppins, con los que quería comprar comida para las palomas, acabaran devolviéndole cientos de dólares?
Aquí es donde entra la trinidad económica. Aquello que ha marcado tendencias desde que el hombre es hombre: tiempo, riesgo y productividad.
La inflación te interesa
Y mucho. Escapar de ella debería ser la base de tu estrategia de inversión. ¿Que por qué, dices? veamos primero qué e lo que é y luego saca tus propias conclusiones: la inflación se define como la pérdida progresiva de poder adquisitivo del propio dinero o, dicho de otra forma, con el paso del tiempo, necesitas más dinero para comprar exactamente lo mismo.
Pongamos el ejemplo del famoso relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor de 2013, momento en el que la maja de Ana Botella tuvo la viral ocurrencia. Por entonces, podría valer 3€. Hoy, en 2026, cuesta 4€, lo que supone un 33% más, o un 2,2% anual durante 13 años. Sí, en 2036 ese cafecito te costará unos 5€.
Y no de arábiga va la cosa. Por supuesto esto aplica a absolutamente todo: desde los chuches, el seguro del coche hasta la compra de tu próxima casa. Piénsalo. Cada año, de cada 10.000€ de tu cuenta bancaria, se están quemando más de 200€ sin que tú hagas nada. No caigas en la trampa por ver la misma cifra en pantalla.
¿Por qué sucede esto? ¿de quién o qué nos deberíamos quejar?
Siento no poder aliviar tu impotencia. Como en casi todo, no hay un único protagonista del cuento inflacionario. Principalmente ocurre por una combinación de estos factores:
- Se crea más dinero en circulación. Sí, has leído bien, se enciende la maquinita de hacer dinero. Si hay más, menos vale.
- Aumenta la demanda de productos y servicios. La YouTuber que sigues a diario acaba de volver de Malvidas, ¿vas a ser tu menos? tus abuelos lo tenían imposible, pero tú solo tienes que cuadrar tu cartera y tu agenda.
- Los costes de producción aumentan. Energía, transporte, salarios y un largo etcétera. Visualiza la panadería del barrio; si el precio de la electricidad, el transporte y la harina aumentan, ¿qué opciones tienen? perder dinero, lo cual sería un negocio con exceso de originalidad o, efectivamente, subir el precio de la chapata.
- Gobiernos y bancos centrales estimulan la economía mediante crédito y gasto. Imagina la era post crisis: en general se consume bastante menos y las empresas invierten menos. Hay miedo e incertidumbre. Pero el Mammón tiene hambre. La banca tiene seguir funcionando por lo que los bancos centrales tratan de activar la economía bajando los tipos de interés. Así la idea de pedir una hipoteca o consumir empieza a resultar más y más fácil.
El conjunto de estas cuatro principales variables y otras que harían que este post fuera más una novela de terror, son los causantes de nuestra malquerida inflación.
Por esto, creo que, como mínimo, necesitas una estrategia que preserve el valor de lo que ya tienes, que mantenga tu poder de adquisitivo con el paso del tiempo de forma sencilla y sin atarte demasiado. Y, ya de paso, puedas sacar un poco (o mucho) beneficio al embarcarte en el océano de la inversión con diferentes opciones que iremos viendo más adelante.
Tipos de inversión
Para ahondar en el detrás de cámaras o qué hizo la familia Dawes del Banco de la Confianza con esos dos peniques, conviene saber qué tipos de inversión existen:
Depósito
Cedes tu dinero al banco un tiempo determinado, esperando que, al cabo de unos meses o años, te lo devuelva junto a unos intereses producidos de haberles permitido hacer uso de tu dinero. Ese “uso” es lo interesante en la ecuación: gracias a que tú les has cedido tu dinero, ellos tienen la capacidad de, por ejemplo, prestárselo a Bertín a cambio de un interés mayor que el que te van a dar a ti de vuelta. El banco gana, tú ganas, Bertín… no tanto.
La contrapartida del depósito es que has de comprometerte a bloquear la cantidad depositada durante el periodo pactado, que puede ir desde los 3 meses hasta los 3 años o más.
Cuenta remunerada
Es la forma más sencilla de hacer crecer tu dinero sin arriesgarlo ni comprometerte. Funciona de manera similar al depósito en cuanto al por qué de generarte intereses. La gran diferencia es que, mientras que el depósito bloquea tu dinero, la cuenta remunerada no lo hace. Eso sí, al mismo tiempo, la oferta de retorno es más limitada. ¿Por qué? muy sencillo: si permites el bloqueo de tu capital, la banca dispone de control y organización sobre tu dinero. Sabe que puede contar con él a la larga, por ende, puede operar de forma más estratégica, cosa que puede no darse en la cuenta remunerada, en la que podrías sacar todo tu dinero en cuestión de segundos sin estar sujeto a ninguna limitación.
Esto se resume en que el depósito te ofrecerá mejor tasa de interés y un límite muy superior en cuanto al dinero que puedes ceder al banco si mantienes tu compromiso de no tocarlo.
Inversión en empresas
La forma más políticamente correcta del pecaminoso hecho de apostar. En esencia, apuestas tu dinero a que X empresa va a acabar valiendo más de lo que valía en el momento de tú invertir en ella. Para ello, adquieres un trocito (o super trozo) de la empresa.
Bertín, el carnicero del barrio que prepara smash burgers brutales empieza a servir a restaurantes de la zona. Le conoces de toda la vida, sabes que se apunta a un bombardeo y es super resolutivo. Así que “apuestas” 1000€ a que, al cabo de un año, el tío va a crecer y servir a decenas de restaurantes.
Si todo va bien, ¡bingo! tus 1000€ podrían haberse convertido en el doble, triple o quién sabe cuánto. Pero, por supuesto, inocente de ti, si Bertín ha sucumbido al lado oscuro del veganismo (cosa que nunca trae nada bueno), menos restaurantes querrán contar con él, por tanto, servirá menos y tus 1000€ podrían resumirse en un billete naranja. Subirán o bajarán proporcionalmente a cuán bien lo hizo Bertín.
Ladrillo
Oh, mi paisano español. Cuántos mitos y leyendas alrededor del noble cerámico. Cuánta seguridad nos prometían nuestros mayores si optábamos por la pastilla roja de la hipoteca y huíamos de los casposos alquileres.
La idea de comprar inmuebles como inversión, de base, se resume en un concepto bastante simple: la tierra es limitada, y toda limitación suele ser sinónimo de crecimiento económico. En otras palabras, cuanta más gente quiere vivir en un sitio pero no puede construirse infinitamente, el precio sube. Por contra, invertir en ladrillo supone tener que lidiar con cambios en políticas de impuestos, mantenimiento cuasi infinito, miedo a inquilinos morosos o incluso okupación.
Por no hablar de que debe disponer de un capital relativamente grande y el retorno de la inversión no suele ser demasiado interesante, salvo casos muy concretos y reservados a perfiles especializados.
Oro / Metales preciosos
Un tema realmente interesante y digno de estudio sociológico. El oro, a nivel utilitario, no vale nada. Sí, digo esto cuando a día de hoy, 15 de mayo de 2026, cotiza a casi su máximo histórico: $4600 USD por onza. Que sí, que conduce muy bien la electricidad y no se oxida. Y se usa en medicina. Y en temas aerospaciales por reflejar la radiación y el calor. Pero, intrínsecamente hablando, no aporta nada que otro material miles de veces más económico no pueda suplir.
El oro tiene valor porque nosotros se lo hemos dado. Por la percepción social e histórica que tenemos de él: es bello, es un símbolo de riqueza desde tiempos inmemoriales y, lo más importante, es escaso en nuestro planeta. Eso ha hecho que la humanidad le dé y lo considere un valor refugio ¿Y qué hace que sea una inversión? ¿por qué sube su valor? de forma muy simplificada, porque cada vez hay más dinero fiat en circulación pero el oro apenas crece. Y volvemos a lo mismo. Escasez. Cuanto más dinero hay pero no más oro, éste aumenta su valor.
Bitcoin
Comparte parte del valor de mercado asociado históricamente al oro. Su precio fluctúa por muchos factores, pero uno de los principales es su creciente percepción como valor refugio; de hecho, muchas personas lo consideramos el oro digital, aunque aquí hay un matiz importante: bitcoin tiene valor por sí mismo. Con esto quiero decir que contiene la propiedad de poder enviar y recibir dinero como el dinero fiat pero, a diferencia de éste, no es una representación de algo ficticio, sino que es literalmente como si usaras el oro para comprar y vender. La propia divisa contiene el valor que representa. Es verdad, no una ilusión.
Bitcoin presenta varias características diferenciales frente al oro físico. La más importante es su escasez programada: existirán un máximo de 21 millones de BTC. Como curiosidad, se estima que el último bitcoin será minado alrededor del año 2140, si es que llegase a darse.
Su adopción no deja de crecer, tanto entre personas de a pie como entre empresas, instituciones y gobiernos. También posee una dimensión filosófica muy marcada: es un activo soberano, custodiado fuera de cualquier banco o entidad. Tú eres dueño y señor de tus BTCs, con la responsabilidad que eso implica.
A esto se suman otras ventajas relevantes, como su transferibilidad global casi instantánea, su verificabilidad y una escasez completamente transparente, infundadas por la naturaleza de su tecnología basal: la blockchain.
He dejado de lado otras criptomonedas importantes porque esto daría para un artículo completo incluso más extenso que éste y aquí sí que hay demasiado ruido como para evitar profundizar.
Una estrategia a tu talla
Llegados a este punto, es más que evidente la necesidad de no quedarse quieto viendo cómo cada vez tu dinero vale menos.
Necesitamos, como mínimo, igualar ese 2% de pérdida anual provocado por la inflación. Lo sensato podría ser comenzar con una cuenta remunerada . Casualmente la mayoría de ofertas de entidades bancarias ofrecen justamente se 2% anual tan solo por mantener tu dinero ahí. Oferta que suele mejorarse con algunos extras que pueden venirte bien, como activar Bizum o domiciliar algunos pagos.
Post en desarrollo. Continuará pronto.